He recorrido zonas arqueológicas mexicanas desde Paquimé, en el desierto de Chihuahua, a dos horas de la frontera con los Estados Unidos, a Yaxchilán, en la selva chiapaneca, orillas del río Usumacinta que une a los mayas de México y Guatemala. A pesar de las distancias y variedad de culturas hay una constante en las ciudades prehispánicas visitadas: los espacios y construcciones dedicados a una singular práctica ritual y deportiva: el juego de pelota.

Zona arqueologica de Yaxchilan

Representación de un jugador maya de pelota en Yaxchilán, Chiapas. Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

En el territorio mexicano se han descubierto 1,500 canchas que denotan múltiples variantes del juego, tanto por sus dimensiones, como por la inclinación de sus muros y la utilización o no de aros. Lo que no variaba, lo mismo en la costa, el desierto o el altiplano, era la pasión por un juego que se dice sirvió, además de su aspecto ritual, para la competencia, para dirimir diferencias civilizadamente e incluso para cruzar apuestas, como se consigna en algunos códices.

Zona arqueologica de Toluquilla

Uno de los cuatro juegos de pelota de Toluquilla, Querétaro. Fotografía de Adalberto Ríos Szalay

Fray Bernardino de Sahagún, desde mediados del siglo XVI,  recopiló información sobre el juego de pelota y la consignó en su obra Historia General de las Cosas de la Nueva España, el primer tratado de antropología del continente americano, donde compendió fenómenos y prácticas que asombraron y admiraron a los recién llegados. Les impresionó, por ejemplo, el hule con el que se elaboraban las pelotas, proceso en que mezclaban el latex del árbol del hule Castilla elástica con la savia de la flor Ipomoea alba, para lograr esferas hasta de cuatro kilos y de viveza extraordinaria.

Si meter un balón en las actuales canastas de baloncesto requiere de práctica y puntería, que decir si se logra en un aro vertical, con un plano inclinado  previo y no con las manos, sino con las caderas.

Zona arqueologica de Coba juego de pelota

Juego de Pelota en Cobá, Quintana Roo. Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

Hace algunos años tuve la oportunidad de tener en mis manos el manuscrito original de la historia de Tlaxcala de Diego Muñoz Camargo, uno de los primeros mestizos de México que conjuntó su relato escrito con una serie de ilustraciones del momento de contacto entre tlaxcaltecas y conquistadores, verdadero reportaje gráfico.

Poder hojearlo y fotografiarlo fue un privilegio y gran emoción, al ver dibujos testimoniales, por ejemplo, de cómo bajaron de los barcos, con poleas, a los primeros caballos  traídos a México  y la representación de una cancha de juego con una pelota a la que se asoman jóvenes tlaxcaltecas, pareciendo decir “bolita por favor”,  mientras un misionero adoctrina.

HIST. CODI TLAX. MUÑ CA560

Página de la Historia de Tlaxcala, obra del siglo XVI, Biblioteca de la Universidad de Glasgow, Escocia.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

EL AZTECA (MÁS BIEN EL MAYA) DE  SU TIEMPO

Chichen Itza zona arqueologica

 Juego de pelota de Chichen Itza, Yucatán.   Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

Se sabe que en el juego de pelota podían participar desde un contrincante por bando, hasta equipos de siete jugadores. La cancha más grande encontrada es la de Chichen Itza que además sus dimensiones, 168 metros de largo por 70 mts de ancho, y el contar templos en sus cabeceras, fue decorada con relieves representando la contienda entre la vida y la muerte, significado del juego de pelota.

Chichen Itza zona arqueologica

Jugador de pelota, Chichen Itza, Yucatán.   Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

El juego llamado Pok a Pok en maya, por el sonido que producía la pelota al botar, es parte de la mitología contenida en el Popol Vuh, donde se consignó un gran juego entre los señores de la luz y seres del inframundo, tratando de lograr los primeros la prevalencia de la luz  sobre las tinieblas. Al lograr el triunfo los señores de la luz fueron sacrificados para transformarse en el sol y la luna, quizás por ello la  difundida versión de que los victoriosos eran sacrificados, aseveración cuestionada por el eminente arqueólogo (y maestro mío) Eduardo Matos Moctezuma.

Es decir aparte del hecho deportivo, admirable de por si, en Mesoamérica el juego no se reducía un intercambio de pelotazos, sino se trataba de un evento cargado de simbolismos y solemnidad.

MUERTE SÚBITA EN LA CASA DE LAS FLORES

Xochicalco zona arqueologica Juego de pelota norte

 Juego de pelota norte de Xochicalco. Fotografía de Adalberto Ríos Szalay

Se creé que la incorporación de aros en las canchas fue una innovación al juego original y que lograr pasar la pelota por él era un acontecimiento que significaba la culminación del partido, con el triunfo del realizador; es decir una especie de muerte súbita, como la llaman en el tenis.

Además de sus templos, palacios, observatorio y graneros, Xochicalco, en Morelos, contaba con tres juegos de pelota, en uno de ellos se encontraron sus dos aros abandonados en medio de la cancha y un temaxcal vecino, con espléndida vista panorámica, donde probablemente se purificaban y reconfortaban los jugadores.

Temazcal prehispanico

Temazcal en Xochicalco. Fotografía de Adalberto Ríos Szalay

La arqueóloga Silvia Garza, autora de buena parte de los trabajos de exploración y estudio de la zona, nos hace ver el significado cosmogónico del juego, en la medida que su dinámica podría simbolizar el movimiento de los astros.

ESTEROTIPO DEPORTIVO

Con excepción de los murales de Tepantitla en Teotihuacan es curioso ver como en las representaciones de los jugadores de pelota, desde el Petén guatemalteco, Motul, Yaxchilán o las figuras de arcilla de Jaina hay un esterotipo que muestra al jugador con una rodilla sobre la tierra golpeando la pelota. Probablemente consideraron que tal posición demostraba mejor la técnica utilizada, además de ser de gran plasticidad. Lo que llama la atención es que la pelota se muestra descomunal, quizás enfatizando su signficado sideral.

yaxchilan

Jugador de pelota, Chinkultic, Chiapas. Museo Nacional de Antropología e Historia. Foto Adalberto Ríos Szalay

APORTACIÓN DEL TURISMO CULTURAL

Show Mexico Espectacular Juego de Pelota

Juego de pelota en el Parque Xcaret, Quintana Roo.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

Con tantas versiones y variantes no es fácil imaginar como se llevaba a efecto el juego de pelota, las representaciones que ofrece el Gran Tlachco (tlachco es la palabra náhuatl para juego de pelota) en el Parque Xcaret es de gran utilidad.

En el Gran Tlachco se presenta diariamente un espectáculo con música y danzas de todo el país, con artistas de cada región: jarochos, norteños, purépechas, etc. Todo con magníficas coreografías, además de sonido e iluminación espectaculares. Pues bien cada noche el espectáculo comienza con la celebración de un juego de pelota.

El partido lo escenifican jugadores sinaloenses de Ulama, pues en el estado de Sinaloa se sigue practicando el juego;  lucen cuidados atuendos, utilizan pelotas de hule y  muestran una técnica extraordinaria que, cuando logran hacer pasar la bola por el aro, generan invariablemente una ovación.

Xcaret aporta al turismo de naturaleza y también al cultural; ver a los jugadores de Ulama me ha servido para entender más sobre un tema que me resulta enigmático y reforzar mi  convencimiento sobre lo que puede aportar un buen modelo de turismo cultural.