¡QUE VIVAN LOS MUERTOS!

Cuando mi hijo Ernesto tenia 5 años le ordenaron en la escuela hacer un dibujo alusivo al Halloween, mi hijo se negó aduciendo “ser mexicano y no tener porque festejar a la manera de otros”, la maestra le exigió obedecer y Ernesto dibujó esqueletos gritando “¡Vivan los muertos!” mientras perseguían a brujas, fantasmas, calabazas y cuerpos en descomposición, propios del Halloween. Con el disgusto de la profesora tanto la directora de la escuela como yo lo felicitamos.

Papel picado en dia de muertos
Calavera en papel picado, Ocotepec, Morelos, Mexico.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

LA CONMEMORACIÓN DE LOS MUERTOS EN MÉXICO

El  Día de Muertos es una conmemoración que se celebra por todas las latitudes mexicanas con ceremonias de notable sencillez y antiquísimos ritos, además de aportaciones actuales. Visitar altares para muertos en hospitalarias casas de pueblos y ciudades es una entrañable experiencia  que permite palpar el vínculo esencial que significa el duelo, la añoranza, el amor por los seres queridos y la naturalidad con que se asume la muerte.  Esa es la razón por la que me referiré al caso de Ocotepec, en el estado de Morelos.

Acicalando arreglando una tumba con flores de cempoalxochitl

Colocando cempasuchitl, la flor de muertos, en el cementerio de Ocotepec, Morelos.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

Si se toma la antigua carretera de Cuernavaca a Tepoztlán en el estado de Morelos, lo primero que se encuentra es el cementerio de Ocotepec. Se trata de un magnífico ejemplo de la arquitectura popular funeraria con innumerables casitas, iglesias y aún catedrales decoradas con deshinbidos colores, conformando una comunidad; donde los azules, amarillos, morados, verdes, rosas y naranjas son pruebas de la continuidad de la vida.

Tumas sepulcros multicolores

Sepulcros en el cementerio de Ocotepec, Morelos.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

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Sepulcro catedral en el cementerio de Ocotepec, Morelos.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

En Ocotepec, como en todo el país, se celebran el día de los difuntos niños y el de los mayores (primero y dos de noviembre, respectivamente). La comunidad de Tlayacapan adiciona un día dedicado a “los matados”, o sea a las personas que murieron en accidentes o hechos de violencia.

LAS OFRENDAS NUEVAS 

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Instalando una Ofrenda Nueva, Ocotepec, Morelos, Méxioco.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

Se acostumbra en  las casas mexicanas instalar un altar donde se hacen ofrendas a los difuntos, la particularidad de Ocotepec es que las ofrendas son en honor sólo para los fallecidos durante el mismo año, por eso se les llama “ofrendas nuevas”. Estas consisten en representaciones sobre una mesa en la que recrean el cuerpo del recién fallecido, utilizando mazorcas, calabazas, y frutas que después vestirán con ropa -generalmente nueva- de la talla del difunto, al que calzarán con huaraches o zapatos. Complementarán la figura con una calavera de azúcar a la que cubren con rebozo, en la caso de las mujeres, y sombrero para los hombres.

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Calaveras en Ofrendas Nuevas.  Ocotepec, Morelos.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

Al cuerpo ya vestido se le rodea de ofrendas consistentes en los platillos y bebidas que fueron de la preferencia del homenajeado.

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Ofrendando un mole a la madre fallecida,Ocotepec, Morelos.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

En la colocación de las ofrendas participa toda de la familia. Vi a una pequeñita quien al colocar sus presentes decía: “abuelito ten el mole (platillo de pavo con salsas muy elaboradas) que tanto te gustaba, tus tortillas y  cervecitas, para que invites a tus nuevos amigos”. La madre de la niña, quien invocaba al padre con cariñosas frases, me dijo de improviso: “mi papá ya está con nosotros, ya llegó y esto nos llena de alegría”. Sabia y delicada manera de enfrentar el dolor, con gran espiritualidad y la naturalidad con que se ve a la muerte.

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Familia instalando una Ofrenda Nueva, Ocotepec, Morelos. Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

Las ofrendas nuevas son una demostración de la sensibilidad y capacidad plástica de sus artífices, quienes mezclan alimentos, flores, copal (incienso mexicano), velas escamadas, fotografías, botellas, cigarrillos y juguetes en el caso de difuntos infantes. Además se colocan instrumentos relacionados con el oficio del difunto.

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 Ofrenda a un mecánico, Cocotepec, Morelos, Mexico. Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

Las casas con ofrenda nueva se reconocen por el camino de pétalos de cempasuchitl (flor dedicada a los muertos) que se extiende desde el altar hasta la calle, a manera de dar la bienvenida al difunto, e invitar a los transeúntes -conocidos o desconocidos- a pasar, y a los que se les recibe con panes, café, ponche y tamales especiales; a cambio los deudos reciben afecto, respeto y quizás unos cirios.

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Colocando el camino de pétalos, Ocotepec, Morelos, México.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

EL CEMENTERIO DE OCOTEPEC

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 Cementerio de Ocotepec, Morelos, México.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

Niño con flores de cempoalxochitl y vela escamada

Niño con velas escamadas,  Ocotepec, Morelos, México.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

La mañana del dos de noviembre la banda del pueblo se reúne en las puertas del cementerio, entrando a los acordes de “Las Mañanitas”, canción mexicana para los cumpleaños y, en este caso, por ser su día, dedicado a los que ahí moran. La multitud ingresa y dedica su tiempo a la contemplación, al recuerdo, al rezo y al homenaje florido multicolor de las tumbas, complementadas con velas, sahumerios y papel picado. Los dolientes regresan a sus hogares a la hora de la comida, donde disfrutarán los mismos platillos de la ofrenda.

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 Fruta, panes de muerto y mole ofrendados, Ocotepec.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

Durante años he asistido a Ocotepec, y en la medida que la cultura no es un hecho estático, he sido testigo de la manera en que la vieja tradición se modifica constantemente con las aportaciones de las nuevas generaciones, algunas de ellas enriquecedoras y otras victimas del consumismo; por ejemplo, ahora se suman a las bandas de viento, músicos norteños. Menos afortunado resulta ver la mezcla en el papel picado de representaciones de catrinas con brujas en escobas, características del Halloween. Sin embargo, puedo decir que el vigor cultural prevalece y se recrea con innovaciones, sin perder el sentido original de la celebración.

Cementerio de Ocotepec en dia de muertos

Sahumando con copal, Ocotepec, Morelos.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay

Papel picado en dia de muertos

Papel picado, Ocotepec, Morelos.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay