REGRESO A LA CIUDAD REGIA

Fuente de la vida, Macroplaza, Monterrey  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay.

La anterior ocasión que visité Nuevo León me encontré que, además de sus labores industriales, los incansables regios habían definido un esquema de ecoturismo con base en base a la grandeza y reciedumbre de su orografía, acción que como muchas de las que emprenden los norteños era un éxito, convocando a escaladores de las más inesperadas esquinas del planeta.

 Cañón de la Huasteca, Nuevo León.   Fotografías: Adalberto Ríos Szalay.

Escaladores norteamericanos en Potrero Chico, Nuevo León.

Los sistemas de seguridad  para ingresar a museos e industrias me hizo pensar, ingenuamente que Nuevo León se mantendría al margen de la violencia que empezaba a imperar en el país, infortunadamente no fue así.  Sin embargo, el espíritu de sus moradores es similar al temple de los aceros que han salido de ese lugar para construir el México moderno.

HYLSA, Monterrey  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay.

En 1900 México se incorporó a la revolución industrial, gracias a la apertura de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey. A mí me tocó verla en operación, con la impresionante espectacularidad que la siderurgia tiene y que pareciera un intento del hombre para emular la fuerza telúrica.

El emblemático elefante de Fundidora, Museo del Horno 3, Monterrey   Fotografía: Adalberto Ríos Szalay.

Así, Fundidora se convirtió en un motivo de orgullo para los regiomontanos, para los mexicanos y para Latinoamérica, al ser la primera en su rubro en América Latina y poner en marcha el Horno 3 en 1968, con la más moderna tecnología de la época.

LA DEBACLE

Mineral fundido, Monterrey.   Fotografía: Adalberto Ríos Szalay.

Vaivenes de la economía mundial y otros fenómenos lastimaron la vida productiva del país al cerrar para siempre Fundidora en 1986.

Anteriormente grupos de estudiantes de Durango bloquearon la salida de mineral de hierro del Cerro del Mercado durante 131 días, probablemente con lemas revolucionarios y seguramente con ignorancia total del efecto aniquilador que significa parar un alto horno, colaborando así a un hecho, éste sí, antirrevolucionario: cerrar un centro industrial vital y dejar sin trabajo a un enorme número de trabajadores.

Trabajadores siderúrgicos de Monterrey.   Fotografía: Adalberto Ríos Szalay.

Trabajador siderúrgico, Monterrey.   Fotografía: Adalberto Ríos Szalay.

LA NUEVA VIDA DEL GIGANTE

Además de la quiebra de Fundidora un riesgo latente era el colapso físico del coloso de acero, parte de la historia de la ciudad y muestra de su carácter y cultura de trabajo, que se manifestó en propuestas para recuperar el lugar.

El Horno 3  abandonado, Monterrey   Fotografía: Adalberto Ríos Szalay.

Lo primero fue la apertura de un parque de arqueología industrial de 142 hectáreas que, alrededor de los monumentos de acero, fue creando jardines, lagos, centros de exposiciones, cines, etcétera.

CINTERMEX

Centro Internacional de Negocios, Parque Fundidora, Monterrey.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay.

Sin embargo, faltaba definir un nuevo destino para el antes orgulloso Horno 3 que lucía como una abandonada y herrumbrosa mole. Surgió entonces un proyecto que unió a la sociedad civil, a los empresarios y al gobierno: la creación de un museo de clase mundial sobre el acero.

Horno 3 Monterrey.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay.

Lo más interesante de todo fue que no se trató de una propuesta nostálgica ante el pasado perdido, por el contrario, de acuerdo con ese pasado y con esa historia tuvieron el acierto de definir un modelo respetuoso de las herencias, pero con visión de futuro: un museo del acero a partir del cual se fue definiendo una propuesta vanguardista: un centro interactivo de ciencia y tecnología.

Recursos interactivos en el Horno 3, Monterrey   Fotografía: Adalberto Ríos Szalay. 

LA NUEVA FORJA DEL HORNO 3

Niños neoleoneses con la escritora Rosana Curiel Defossé, Horno 3.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay.

El Horno 3 promueve y da cabida a eventos en favor de los niños y los jóvenes, gracias a la visión de su director el Ing. Luis López. Durante mi visita me tocó ser testigo en el Horno3 de la interacción de más de quinientos niños con la escritora de obras para infantes Rosana Curiel Defossé.  Con un orden y entusiasmo manifestado en ¡la alegría por la lectura, en época de desazón!, actitud sin duda estimulada por sus maestras encabezadas por Gloria Elizabeth Amador, cuya dedicación y pasión por los niños y su tierra me hicieron recordar a los viejos maestros que construyeron el México del siglo XX.

UN NUEVO DESTINO ACORDE CON SU DIGNO PASADO

El renovado Horno 3, Monterrey.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay.

Con el esfuerzo conjunto de los participantes se convocó a arquitectos, restauradores, especialistas en medios electrónicos y museógrafos.

Con cuidadoso respeto al edificio original, supervisado por el INAH, se fueron definiendo nuevas áreas para enfatizar lo ahí sucedido, logrando que las propuestas arquitectónicas y museográficas no compitieran con el edificio original, sino lo complementaran, poniéndose a su servicio para revitalizarlo.

Tienda de regalos y escalinata hecha con diferentes tipos de acero, Horno 3.   Fotografía: Adalberto Ríos Szalay.

La restauración fue un trabajo de arqueología industrial, reutilizando lo existente para imaginar un futuro basado en el conocimiento, fruto de la investigación científica y el desarrollo tecnológico.

El resultado es un museo del siglo XXI donde los niños disfrutan aprendiendo, emocionándose ante lo apasionante que puede resultar el estudio y práctica de la ciencia cuando se presenta y difunde imaginativamente.

LA CREATIVIDAD AL SERVICIO DE LOS NIÑOS

El Horno 3 permite apreciar algo único en el mundo: el interior del antiguo horno con restos de arrabio y minerales que no alcanzaron a fundirse en la última operación.

Interior del Horno 3, Monterrey.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay.

Para tener una visión del conjunto es posible pasear -con plena seguridad- por la cima de la impresionante estructura, a más de 40 metros, ascendiendo en el mismo tipo de elevadores que se usan en los Alpes Suizos, para llegar a un laberinto de acero con cédulas que lo descifran. Además se han instalado tirolesas y rapel para volar entre chimeneas, pasadizos y plataformas.

Cima del Horno 3, Monterrey.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay.

El gran atractivo es ver el despertar del gigante que, gracias a la tecnología de la era digital, vuelve a cobrar vida, a lanzar fuego, avenidas de lava, luciendo gracias a la iluminación y efectos como la más futurista nave espacial.

Espectáculo del Horno 3, Monterrey.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay.

Así, Monterrey orgulloso de su cultura industrial la preserva, la comparte y la proyecta espectacularmente, transmitiendo experiencias y mensajes históricos, sociales y científicos a través de un verdadero horno de futuro.

Espectáculo del Horno 3, Monterrey.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay.

Las pandemias son circunstanciales y temporales, el futuro de Nuevo y México están fuera de toda duda, el Horno 3 y el buen magisterio, serio y responsable de Nuevos León así nos lo transmiten.

Niños regios en la Macroplaza, Monterrey.  Fotografía: Adalberto Ríos Szalay.